La erupción del volcán Nevado del Ruiz

Una lección aprendida

Cada año después de 1985, los días 13 de noviembre están llenos de una inmensa extrañeza, de una mezcla de recuerdos grises, de un cúmulo de visiones fangosas. Los que vivieron aquel fatídico año, recuerdan como una imborrable  pesadilla lo que aquella noche ocurrió; los que aún no existían conocen por los relatos de sus familiares, los registros periodísticos y de redes sociales, cómo ocurrió la tragedia humanitaria más grande del mundo en el siglo pasado, ocasionada por un fenómeno natural y que dejó más de 25 mil muertos.

La avalancha provocada por la erupción del cráter Arenas del volcán nevado del Ruiz, descendió incontenible por el cauce del río Lagunilla, para finalizar en la planicie donde existía Armero, población del Tolima que literalmente quedó borrada del mapa.

Aunque el complejo volcánico del Ruiz fue declarado recientemente Patrimonio Geológico del mundo y es reconocido como un referente turístico y científico, mantiene el nivel de actividad amarilla, condición que implica entendibles restricciones.   Esta erupción marcó un importante precedente para la vulcanología del mundo y sentó las bases de un sistema de gestión del riesgo y de desastres naturales en Colombia. Omar Gómez Mejía, quien para entonces se desempeñaba como director de la Defensa Civil en Caldas, recuerda que no existía la estructura técnica estatal para responder, a la que se sumaba el desconocimiento de los temas volcánicos y la falta de credibilidad en los expertos que emitieron pronósticos de lo que podía avecinarse. Gómez Mejía dimensionó lo que ocurriría y no fue escuchado. Aun recuerda cómo esa noche, desesperado, acudió a las emisoras y cadenas radiales de Manizales a pedirle a la gente que saliera a las partes altas, para salvar sus vidas.


Con los primeros rayos del sol, el país y el mundo fueron sorprendidos con las primeras imágenes de un Armero sepultado  por el lodo y el material volcánico, niños y adultos luchando para zafarse del barro espeso, cuerpos inertes atrapados y la ausencia de miles de sus  habitantes. Mientras que en Chinchiná, Villamaría y Manizales, aunque en situaciones menos dramáticas, los organismos de socorro atendían la emergencia.

“Una cosa es contar y otra ver”,  afirma el periodista Yesid López López, quien  cubrió la tragedia para Caracol Radio en Manizales.

37 años después de la erupción, la situación es distinta. El Servicio Geológico Colombiano, a través del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Manizales, hace un seguimiento y monitoreo permanente a la actividad del Complejo Volcánico, el más vigilado del mundo, a través de modernos equipos telemétricos (medición a distancia) y multiparamétricos (múltiples parámetros),  para identificar cualquier alteración en los niveles y estar en capacidad de emitir alertas tempranas ,  tal como lo explica la directora del Observatorio Vulcanológico Gloria Patricia Cortés.

De esa época, cada persona tiene algo que contar, hasta el bulteador de la plaza de mercado que siendo niño salvó su vida después de permanecer durante horas atrapado en el lodazal y al que todos cariñosamente le dicen ‘avalancha’.  También están las historias de los muchos otros que, por algún motivo, debían estar allí aquel día y el destino se los impidió. Para los ciudadanos de mayor edad, el Nevado del Ruiz no representa un peligro mayor, en general están familiarizados y aprendieron a convivir con ese ‘león dormido’. Para las nuevas generaciones existe un relativo temor, la lejanía temporal del hecho les hace ver la posibilidad un tanto improbable de una erupción.

Ante la pregunta, le teme usted al Nevado del Ruiz, esto respondieron los manizaleños.

La Unidad de Gestión del Riesgo de la Alcaldía de  Manizales, cuenta con una completa red de apoyo institucional para dar respuesta inmediata a cualquier contingencia que se derive de una erupción volcánica.  El llamado a los ciudadanos es a mantener la calma y  la tranquilidad y confiar en la institucionalidad, expertos y científicos encargados de vigilar el volcán. La jefe de la Unidad de Gestión del Riesgo, Alexa Morales.

En los habitantes de Manizales, Villamaría y Chinchiná vive el recuerdo de ese día, en el que un fenómeno natural convertido en desastre, arrancó  la vida de sus familiares y amigos. Varias erupciones volcánicas que han hecho historia; una en 1595, la otra en 1845 y la más reciente, la de 1985. Hoy lo más importante es que se está en la capacidad de atender una eventual erupción, gracias a esa lección aprendida fue creada la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo y se estableció el monitoreo permanente de cerca de 23 aparatos volcánicos que hay activos en Colombia.    

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