- En Manizales, cada mañana el transporte escolar recorre laderas, veredas y barrios para cumplir una misión silenciosa pero vital: que miles de niños lleguen a clase a tiempo y que la distancia no les arrebate el derecho a la educación.
- Más de 2.600 estudiantes de la capital de Caldas ya se benefician este año del transporte escolar que brinda la Alcaldía, un programa que conecta zonas urbanas y rurales y que se consolida como una herramienta clave para la permanencia educativa.

A las seis de la mañana, cuando Manizales inicia sus actividades, Valentina y Juan Pablo Valencia Delgado ya están listos en su casa, ubicada en la vereda El Aventino. Mochila al hombro, uniforme impecable y una certeza que tranquiliza a toda la familia: el transporte escolar llegará puntual. En apenas diez minutos estarán en la Institución Educativa María Goretti, de la vereda Bajo Tablazo, listos para aprender, soñar y construir futuro. Un trayecto que a pie les tomaba al menos media hora, sin contar las inclemencias del tiempo a las que se exponían en sus largas caminatas.



Para ellos puede parecer normal. Para su mamá, Julieth Delgado, es casi un milagro cotidiano.
“En mi época tocaba madrugar mucho más y caminar largos trayectos por carreteras en muy mal estado”, recuerda. Hoy, en cambio, sus hijos se suben a un vehículo que los recoge desde el primer día de clases. “Que ellos tengan este beneficio me llena de tranquilidad. De verdad, le agradezco a la Alcaldía de Manizales”.
Historias como la de Valentina y Juan Pablo se repiten cada mañana en la ciudad y en sus veredas. El año pasado, 2.770 niños y niñas se beneficiaron del transporte escolar en 227 rutas, que conectaron 20 instituciones educativas. Este año, la cifra ya ronda los 2.600 estudiantes y, se espera que iguale la del año anterior una vez finalicen los procesos de matrícula y registro en el SIMAT, el Sistema Integrado de Matrícula del Ministerio de Educación Nacional, proceso indispensable para garantizar recursos como la alimentación y el transporte escolar.
Pero más allá de los números, el impacto se mide en asistencia, permanencia y oportunidades.
“La realidad es que sin este servicio muchos niños no vendrían a estudiar”, dice con franqueza Ana Jimena Martínez, profesora de Valentina. La rectora Alejandra Idárraga lo confirma desde la Institución Educativa ubicada en la vereda Bajo Tablazo: solo allí, 190 estudiantes dependen del transporte escolar para llegar a clases. “Muchas familias viven en zonas de difícil acceso. El transporte escolar no solo favorece a los estudiantes, también les da tranquilidad a los padres y garantiza el derecho a la educación”.
Desde el primer día del calendario escolar, la Alcaldía de Manizales, a través de la Secretaría de Educación, asegura este servicio junto a otros programas esenciales como el Programa de Alimentación Escolar (PAE). La apuesta es clara: que la distancia, la geografía o la falta de recursos no sean una barrera para aprender.
En una ciudad de laderas, caminos rurales y barrios que se aferran a la montaña, el transporte escolar se convierte en un puente silencioso entre el hogar y la escuela. Un trayecto que reduce costos para las familias, que protege a los estudiantes y que, en muchos casos, marca la diferencia entre asistir o no a clase.



Por eso, el programa va mucho más allá de la logística. Es un beneficio social y educativo, una política pública que se traduce en madrugadas más tranquilas, en cuadernos llenos de tareas, en niños que llegan temprano, motivados y seguros a estudiar. Diez minutos de recorrido que, para miles de estudiantes de Manizales, significan toda una vida de oportunidades.


