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La Cuchilla del Salado recibió a personas con discapacidad auditiva y cognitiva en un recorrido turístico

  • El ‘Pueblito Manizaleño’ fue el punto donde personas con discapacidad de Manizales realizaron un recorrido lleno de cultura, aprendizaje y unión.
  • En este espacio rural de la Cuchilla del Salado, la Alcaldía demostró que la inclusión se vive caminando juntos.

Fotografías: de la actividad de personas con discapacidad auditiva y cognitiva, en el ‘Pueblito Manizaleño’, de la Cuchilla del Salado

En una tarde bañada por la bruma dulce de Manizales, el ‘Pueblito Manizaleño’ se convirtió en un escenario donde la inclusión dejó de ser un discurso para transformarse en abrazo, en gesto y en experiencia compartida.

En alianza con la Promotora de Eventos y Turismo, la Oficina de Atención a Personas con Discapacidad, la asociación Asodown y la corporación Magusi, se escribió una historia que quedará en la memoria de quienes la vivieron.

Fotografías: de la actividad de personas con discapacidad auditiva y cognitiva, en el ‘Pueblito Manizaleño’, de la Cuchilla del Salado

Las calles coloridas se llenaron de risas, de manos que se tomaban unas a otras para caminar, de miradas curiosas que descubrían cada rincón del paisaje cafetero recreado. Personas con discapacidad auditiva y cognitiva recorrieron la Cuchilla del Salado, guiadas por el deseo de conocer, de sentir, de pertenecer y, en cada paso, Manizales les respondía con calidez.

El eco de una danza típica abrió el camino. El movimiento de los pañuelos, el ritmo vivo de los pasos, las sonrisas espontáneas, todo invitaba a celebrar. No era solamente un espectáculo: era la prueba de que la cultura también puede ser puente, invitación, bienvenida.

Luego apareció un arriero, cargado de historias y del aroma profundo del café. Les habló con la pasión de quien lleva la tradición en la sangre; sus palabras (unas traducidas en señas, otras interpretadas con paciencia y cariño) se convirtieron en una lección viva sobre la identidad paisa. Cada gesto suyo demostraba que la cultura se comparte mejor cuando nace del corazón.

Entre bocado y bocado de comida paisa, surgieron conversaciones sencillas pero llenas de significado. Se mezclaron el sabor de la diversidad y la alegría de aprender juntos. No había barreras, solo la certeza de que todos merecen caminar los mismos caminos y disfrutar las mismas experiencias.

Aquel recorrido fue un paseo turístico y un recordatorio de que la inclusión no es un favor ni una tarea pendiente, sino un derecho, una celebración y una forma de construir una ciudad en la que cada persona sea valorada por quien es.

Ayer, en el ‘Pueblito Manizaleño’, Manizales dio un paso firme hacia un futuro más humano. Y quienes participaron lo saben: cuando la ciudad se abre para todos, el paisaje se transforma y el corazón de la comunidad late con más fuerza.

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